EROS TE SUCCIONA
Planeabas en nube de obsesión,
cirro en el que entraste de su mano.
Te agradó que te palpara los sentidos,
que resbalara lento por tu piel de escarcha,
parándose a beber sobre tus curvas.
Y después,
deslizarse más aprisa, más abajo..., más violento.
Detenerse.
Zambullirse
en la piscina de tu área de recreo.
Allí fue donde ganando, perdiste la partida.
Porque te uniste a la catarsis de las equis prolongadas,
del no parar el motor ni en punto muerto.
Te absorbió la compulsión y el monotema.
Mil grados de calor, y permanentes,
son demasiado
para que no se acabe gripando la conciencia,
y tengas que escribir al Ave Fénix.
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Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)