VEN, PASA SIN LLAMAR


MENSAJE Y CANCIÓN DE BIENVENIDA AL BLOG
(Pinchar sobre el texto que sigue, para escuchar la canción):
VEN,
PASA SIN LLAMAR
(*) Vídeo de la CANCIÓN: pinchando en cualquier parte del texto de bienvenida anterior (Le puso música y voz: Amador (Dorchy Muñoz) Gracias.


*Las FOTOS que acompañan a las entradas de este Blog has sido tomadas por Ángeles Fernangómez. En algún caso excepcional en que no es así, siempre se especifica el nombre del autor y se cuenta con su autorización.


martes, 12 de octubre de 2010

INSTANCIA AL CORAZÓN QUE SURTA EFECTO






A Miguel Hernández en su centenario.





(2010)


INSTANCIA AL CORAZÓN QUE SURTA EFECTO
Yo, Miguel Hernández Gilabert, en plenas facultades mentales (no así físicas),

EXPONGO:


Que me gestó el vientre
de una patria negra, y a su sombra,
como viento del pueblo fui criado.

Que de niño, pensaba que la risa era
el ocre-verde de los campos de Alicante, y yo
perito en lunas bajo lluvias grises
lloradas boca abajo.

Que el hombre ha de ser hombre
aún a pesar de tantos dioses,
y no ser buey uncido y doblegado,
como conoce el labrador del aire.

Que no me voy, que no;
es que me echan al lado opuesto de la vida.
Será mi cancionero quien grite mis ausencias.
Por eso sé
que moriré con los ojos bien abiertos y,
por tanto,

SOLICITO:


Que se legue al pueblo mi memoria.
Y a mi hijo
que no le cese la risa como el rayo,
desde su mes octavo hasta el postrero.
Que se haga público mi amor por quien me ama.
¡Que no renuncio a ser yo; que no, que no renuncio!
ni abdico de mi condición de ser yo mismo.
Que no, que no renuncio a ser Miguel del pueblo.
Que no renuncio a ser Hernández,
de los campos de Orihuela.
Que no, que no renuncio.
Que no.

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto)

miércoles, 6 de octubre de 2010

LA CASA 4

(viene de las 3 entradas anteriores)
Relato en 4 tiempos





(2002)

4ª y última parte: RECUERDOS



Andrea llegó a la casa.
Se había enterado de que la habían puesto en venta y estaba decidida a recuperarla. ¡Tanta vida desde que salió de ella!: los coqueteos de su juventud, el corazón y la razón, más equilibrados ya en sus años de madurez, los hijos, la muerte de sus padres, el compañero de su vida, los triunfos y los fracasos, toda su vida se quedaba quieta en este presente, ahora que intentaba disfrutar de la jubilación que creía bien merecida, aunque el dolor de sus huesos a veces lo dificultara. Todo eran recuerdos y más recuerdos.


Sentía su vida como una película proyectada en exclusiva para la niña que allí fue, jugando en aquel patio y en aquella huerta. No pudo evitar que lo primero fuera echar un vistazo a la morera, preguntándose antes si existiría todavía. Comprobó que sí, y el sabor de sus moras maduras le evocó aún más recuerdos. Luego se dirigió al interior. Entró en la cocina (primera puerta a la derecha, lo recordaba perfectamente), y su mirada se quedó clavada con expresión de ternura en el poyete de la ventana donde ella dejaba siempre sus muñecas de cartón-piedra mientras comía. Tocó las paredes suavemente como si acariciara piel viva. Y así, rozándolo todo con un tacto consciente, recorrió toda la casa. Toda su vida se recreaba con ella.


Le pareció que la niña y ella se desdoblaban y sintió deseos de cruzársela por la escalera que conectaba con el piso de arriba, abrazarla y decirle: “mira, pequeña, he llegado hasta aquí y todo esto vuelve a ser tuyo, para que juegues e inventes más aventuras. Yo las escribiré en un cuaderno de colores y lo cerraré cada día con una cinta dorada que envuelva tu preciosa fantasía.


La casa era la niña, pero una niña sabia, que conocía casi toda su vida futura. Estaba recogida en sus recuerdos.


Andrea saltó de esos pensamientos al presente y firmó el contrato de compra-venta. Con él en la mano, sintió el ciclo de la vida, ese donde el final es el principio y cada comienzo encarna un fin. Lo apretó fuerte entre las manos, como si agarrara la vida misma y subiendo a su coche, tomó el camino de regreso, esta vez sabiendo que pronto volvería y se sentaría a la sombra de su casa a recordar y vivir. FIN
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)