VEN, PASA SIN LLAMAR


MENSAJE Y CANCIÓN DE BIENVENIDA AL BLOG
(Pinchar sobre el texto que sigue, para escuchar la canción):
VEN,
PASA SIN LLAMAR
(*) Vídeo de la CANCIÓN: pinchando en cualquier parte del texto de bienvenida anterior (Le puso música y voz: Amador (Dorchy Muñoz) Gracias.

*Tanto los TEXTOS como las FOTOS de cada entrada del Blog son autoría de Ángeles Fernangómez. En algún caso excepcional en que no fuera así, siempre se especifica el nombre del autor o autora y se cuenta con su consentimiento.


lunes, 4 de mayo de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Mi pequeña selva

Fotos desde la ventana (confinamiento)

DÍA 12 (52 días)
MI PEQUEÑA SELVA
Lo era. Era mi pequeña selva. Esa imagen del tronco inclinado del aliso mezclada con las ramas de otros árboles, tronco al que abraza la hiedra verde clara, ha sido durante largas semanas de estado de alerta sanitaria, uno de los puntos centrales de mi mirada al extenderla ventana afuera. Yo estaba arriba, tras la ventana y todo ello abajo, anclado a la tierra pero ante mí. Sigue siendo aún mi punto de mira, puesto que todavía no pasó el peligro, aún no es el momento de cantar victoria. #YoMeQuedoEnCasa sigue siendo un hashtag en vigor, lo que no impide ser conscientes de todo lo que ya hemos avanzado y respirar profundo y alentados.
Mi pequeña selva estaba siempre para mi a cualquier hora, de noche incluso, dispuesta a hacerme soñar con espacios plagados de vegetación y fauna. A su sombra sentía reclinar mi cuerpo cuando el deseo de paz y fusión con la Naturaleza que somos apremiaba, podía soñar y oler las hojas, las flores cercanas que ya comenzaban a mostrarse, podía escuchar al mirlo, incluso descubrir sus escondrijos sin moverme. A veces llovía, en abril ya se sabe que aguas mil. Entonces era cuando el aspecto selvático se hacía más patente y más potente, podía oler la tierra mojada debajo de las ramas. Siempre que un lugar en el campo me da esas medidas, imagino que es el idóneo para colocar una pequeña tienda de campaña y vivir a campo pleno, como hice tantas veces en mis años jóvenes. Sería capaz de sentirme Jane Goodall entre chimpacés o Caperucita intentando esquivar al lobo. En todo caso, la ensoñación se imponía y un pequeño espacio se hacía infinito ante mis ojos. Cuando la realidad se encoge, usar la imaginación es la mejor de las recetas.
Dentro de casa las noticias que escuchaba no eran buenas, los muertos sobrepasaban diariamente con creces los 500. Y era también dentro de casa donde, a pesar de todo, tenía cubierto casi todo lo importante: familia para el cariño, libros para leer una historia o un buen poema, ordenador y teléfono para escribir y conectarme con el mundo exterior sirviéndome de esa parte amable que tienen las nuevas tecnologías, pero me faltaba algo para mi imprescindible: el campo, la naturaleza virgen, por eso mi pequeña selva era tan grande ante mi mente. Y en ello sigo.

Alrededor del árbol
se posa la imaginación del preso.
Traspasados los muros,
duerme la libertad bajo las ramas.



A día de hoy:
  • Seguimos confinados no del todo.
  • Ya tenemos calendario de desescalada (por fases)
  • Hoy comienza la Fase 0 de la desescalada.
  • Algunos negocios ya pueden abrir con cita previa.
  • Podemos pasear por turnos unas horas.
  • Curva descendente


domingo, 3 de mayo de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Nubes

                                                                     Foto desde la ventana (confinamiento)
DÍA 11 (51 días)
NUBES
No pretendo que veáis lo que yo vi, pero en las nubes de ese día vi a una madre reclinada sosteniendo a su bebé recién nacido. El subconsciente tiene razones que la razón también conoce a veces, pero no importa, esa es otra historia que quizá alguna vez la cuente si procede. En todo caso, no es eso lo que ahora me trae hasta estas líneas. No es de eso de lo que en este caso quiero hablar. Tampoco de por qué elegí precisamente esta foto -hecha en la tercera semana de confinamiento-, para escribir sobre ella hoy, hoy precisamente, día de la madre, afirmo que no fue un acto deliberado ni consciente. Yo sólo quería hablar de nubes. Simplemente de nubes, estar en las nubes, subirme a las nubes, las nubes y mi relación con ellas desde el sofá de casa en estos tiempos de cuarentena.
Durante los 51 días que ya van, he visto cielos muy distintos, mucho: cielos planos, grises, negruzcos, encapotados, con nubes de todas las formas posibles, atardeceres mágicos plagados de rojos, naranjas, violetas, rosados... Ahora mismo, veo un cielo con nubes racheadas, como brochazos suaves de un pintor de bóvedas tapando el firmamento con un velo.
Pero las que más me gustan son las nubes caprichosas, esas en las que veo formas que, en cuanto las amarro y nombro, se me esfuman para dar lugar a otras formas diferentes, como si el cielo sufriera una metamorfosis de constantes y distintos milagros. Yo creo que la vida es como las nubes, si te distraes pasa de largo.
Recuerdo que esta nube que traigo esta vez a colación, esa en que yo vi, como ya he dicho, el busto de una madre sosteniendo a su bebé, se disolvió enseguida como se disuelven todas. El bebé se iba desintegrando hacia la derecha y hacia arriba. Los brazos de la madre lo seguían, pero se hacían enormes hilos cada vez más finos y alargados, mientras que por detrás, aparecía en escena la forma de un hombre fuerte caminando hacia ellos como si pretendiera salvarlos de convertirse en nada momentos antes de hacerlo también él.
En eso estaba cuando escuché las bocinas y, seguidamente, la lluvia de palmas. Eran las ocho de la tarde, hora de abrir la ventana y aplaudir.

Son nube madre e hijo,
al cielo invitan a mirar las horas.
Inmenso el firmamento,
llegan los ojos antes que mis manos.


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sábado, 2 de mayo de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - El SUMMA 112 a las puertas de casa

                                                           Fotos desde la ventana (confinamiento)

DÍA 10 (50 días)

EL SUMMA 112 A LAS PUERTAS DE CASA
Aquella mañana era de sábado, igual que lo es ésta desde la que lo recuerdo y escribo. Hacía sol y yo me comportaba como una auténtica indiscreta mirando constantemente lo que pasaba fuera. El jardín empezaba a estar tocado por la primavera, pero al lado de sus barrotes rojos vi aparcado un coche del SUMMA 112. ¿Habrá pasado algo? -pensé-.
Transcurrido un rato, el coche se fue, pero enseguida llegó una unidad más grande. Un hombre y una mujer vestidos con EPIs descendieron del vehículo. Yo quitaba dentro el polvo de las estanterías, barría la casa, pero no dejaba de estar pendiente de la ventana. ¿Qué pasaría? ¿Sería alguien de mi misma escalera? ¿Quién necesitaba ayuda? No sería de extrañar, estábamos en el pico de la epidemia y todo podía resultar, si no normal, sí muy posible. Ni por un momento consideré la posibilidad de que se tratara de otra enfermedad que no fuera la producida por el maldito coronavirus. Dentro de casa, sonaba Louis Amstrong cantando What a wonderful world.
Al cabo de un rato bajaron con una mujer anciana a la que acercaron al coche en una especie de silla de ruedas amarilla que más parecía una carreta que una silla. La mujer llevaba la máscara puesta y gemía. Los sonidos en la ciudad tienden a subir hacia los pisos más altos, así que todo se escuchaba facilmente. La profesional sanitaria, con mascarilla y mampara ante su cara le decía: “tranquila, corazón, que ya nos vamos; ya está, corazón, ya está”, mientras su compañero sacaba la camilla y los dos juntos, a la de tres, pasaban a la anciana de la silla a la camilla en un ejercicio de profesionalidad verdaderamente admirable. La mujer seguía quejándose sin fuerzas, totalmente desmadejada y ambos la consolaban mientras seguían con su protocolo. Yo ya me había convertido, tal vez en una cotilla, una morbosa o no sé si en la mismísima vieja del visillo, pero la verdad es que me sentía verdaderamente traumatizada con la escena a la vez que no podía dejar de observarla. Cuando ya creía que se subirían al vehículo para encaminarse al Hospital con la mujer, vi que les faltaba un último e importante ritual: desinfectar la silla y desinfectarse a sí mismos. Sacaron unos grandes pulverizadores y, tras rociar la silla de arriba abajo, hicieron lo propio el uno con el otro por todo su traje de otro mundo. Mientras uno de los dos ponía los brazos en cruz, el otro le lanzaba su vapor líquido por todo su traje protector, por detrás y por delante. Después, invirtieron los papeles. Fue entonces cuando, al terminar, subieron a la unidad y se encaminaron calle abajo con la enferma dejándome un regusto amargo por la mujer y otro regusto enternecedor por el exquisito trabajo de los profesionales sanitarios. Desgraciadamente, esa sí era la nueva normalidad de aquellos días, ese término que tanto se usa ahora, cuando comenzamos a relajar ya un poquito la presión.
Cerré la ventana. Luois Amstrong ya había terminado la canción.

Ver la muerte a la puerta
como un tatuaje gris en la memoria
 por los ojos grabado.
No hay piel para las últimas caricias.

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viernes, 1 de mayo de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - La nevada

                                                                    Fotos desde la ventana (confinamiento)
DÍA 9 (49 días)

LA NEVADA
En mi tierra de montaña, a la nieve que nos encontramos aquella mañana de marzo al mirar por la ventana, no se lo llamaría nevada. Existen allí varias formas de calificar el grosor de la nieve sin tener que tirar de cinta métrica. Así, de mayor a menor, se habla de nevadona, nevada, nevadina y telina. Con sólo decir uno de esos nombres, cualquier oriundo se hace a la idea de la magnitud del manto blanco.
Pues, dicho así, con esas variantes lingüísticas que marcaron mi forma primigenia de expresarme, lo que aquella mañana de confinamiento nos encontramos en Madrid fue simplemente una telina, pero daba gloria verlo, era nieve a fin de cuentas. El poeta Batania dice “Cada vez que nieva, tengo 5 años”, también él es norteño y sabe que su mente, al verla, vuelve a la infancia a coger bolas de nieve y organizar peleas divertidas. Por eso a mí se me quedó muy grabada su frase, porque me identifico con el mensaje tan profundamente que me inunda y lo repito.
Al levantarme, abrí la ventana de la sala y allí estaba el jardín de siempre, pero las grandes manos de la palmera estaban blancas, como sosteniendo en oferta la nieve para entregársela al primero que abriera las ventanas. Los setos también tenían una ligera capa y los coches del poquito tramo de calle que se alcanza a ver, también estaban cubiertos. Pronto se derretiría en cuanto apuntara el sol mínimamente, así que fui por mi cámara de fotos y comencé a tomar los detalles que más me llamaban la atención. Me había venido a visitar la nieve y lo sentí como un milagro.
Me llamó la atención lo que alguien había escrito en el cristal de atrás de uno de los vehículos. Se leía claramente “Te quiero”. Imaginé al autor (o autora) escribiéndolo muy temprano, de camino al trabajo, tal vez era alguien que trabajaba en algún hospital y, no sólo no podía estar confinado, sino que,en esos días, trabajaba mucho más dura y peligrosamente, con la presión al máximo. Seguro que lo había escrito protegidas las manos con unos guantes de látex, respirando dentro de una mascarilla y pensando en la añoranza que sentía por la persona amada a quien el mensaje iba dirigido y a quien no podía ver porque estaría en otra casa inmerso (o inmersa) en cuarentena. Sentí empatía y agradecimiento al mismo tiempo. Después, cerré la ventana y sonreí. Este virus no ha podido matar al amor -me quedé pensando-.

 En tiempos de pandemia
un “te amo” escrito sobre nieve
sostiene la esperanza:
 no puede un virus matar al amor.

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jueves, 30 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Los tendederos

                                                                Fotos desde la ventana (confinamiento)
DÍA 8 (48 días)

LOS TENDEDEROS
Llegó un día en el que comencé a ver el paisaje demasiado más de lo mismo. Abría la ventana y encontraba la misma pared ocre anaranjado, los mismos tejados a lo lejos o en la cercanía, los mismos setos, las mismas plantas, el mismo gran edificio al fondo a la derecha. Que me perdonen el ciprés y el cedro que tanto amo, pero siempre estaban en el mismo sitio y con las mismas ramas. Pareciera que nada se movía y todo era tedio de tanto recrearlo.
Inconscientemente, mis ojos buscaban algo nuevo y comenzaron a fijarse en los tendederos (tendales, dirían en mi tierra). Ellos sí cambiaban. Hoy la ropa colgaba al lado de la ventana del segundo, otro día, al lado de la del quinto, otro…; un día había sábanas, otro día ropa de niños, otras veces los vaqueros se movían al compás del viento como si tuvieran piernas dentro; a veces predominaban los azules, otras los rojos o los verdes, y así era como cambiaba la escena a fuerza de cambiar los planos del escenario.
Por algún motivo siempre me han resultado atractivos para la fotografía. Son escenas costumbristas que muestran a las claras lo que se cuece dentro de las casas. Puedes saber fácilmente si dentro hay bebés, gente joven o las habitan ancianos. Son también como banderolas de pueblo en fiestas o banderas tibetanas de oración que esparcen al aire nuestras miserias y misterios. A veces, si la mirada se posa justo en el momento en que la colada se está tendiendo, puedes comprobar si es hombre o mujer quien realiza la faena y hacer la estadística de lo avanzado o no que está el compromiso masculino en las tareas domésticas. Es curioso también que cuando queremos advertir a nuestro interlocutor de que tenga cuidado con lo que habla o nos está diciendo, ya que alguien puede estar escuchando, recurrimos a la frase “cuidado, hay ropa tendida”; por lo que tengo entendido era un código entre presos para avisar de que alguien se acercaba. Y es que los tendederos hablan por sí mismos, pero mucho más cuando llevas días y días en confinamiento y con el mismo panorama.

Hay ropa tendida
en el aburrimiento de las horas,
 blusa y pantalón bailan
antes de rendirse ante la sábana.

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miércoles, 29 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Pasear al perro

                    Fotos desde la ventana (confinamiento)

DÍA 7 (47 días)

PASEAR AL PERRO
Los días iban pasando y cada vez costaba mucho más no salir de casa para nada. Si siempre añoré tener un espacio al aire libre, una terraza, incluso un simple balcón, ahora lo añoraba y lo añoro doblemente -he de decir que soy más de campo que las cabras-, exacto, digo bien: no tanto de calle como de campo. Sin embargo, tener un jardín debajo -aunque sea comunitario- y vivir en un piso alto que me deja ver el cielo, me reconforta. Pero pesaban ya demasiado los días en reclusión, había que hacerse a la nueva vida impuesta y aceptada.
Me asomé a la ventana y miré hacia los setos, las plantas, los árboles… cuando, de pronto, allí abajo ante mis ojos apareció una persona que caminaba sujetando la correa de su pequeño perro que le seguía olisqueando el suelo. Sí, aquellos que tuvieran perros podían (y debían) sacarlos a hacer sus cosas en la calle y estirar las patas (de paso los dueños estiraban las piernas). Los perros son así, dejan sus caquitas al lado de los árboles o en la mismísima acera si les urge.
Los miré con cierta envidia. Siempre me gustaron más los gatos que los perros y por eso los tengo, pero en este momento sentía un gran deseo de enseñar a decir guau a alguno de mis gatos, ponerle una correa y liberarle de hacer sus cosas en la arena para poder salir juntos a la calle a dar una vuelta y hacerlo por la calle.
Cerré la ventana, miré a mi felina blanca y le dije en voz alta: ¡qué bonita eres!, no te asustes que sólo ha sido un pequeño lapsus.

Va un hombre con su perro
por el jardín, estando confinados,
los canes dan licencia
tendría que hacer magia con mis gatos.

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martes, 28 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - La ciudad fantasma

                                                                Fotos desde la ventana (confinamiento)

DÍA 6 (46 días)

LA CIUDAD FANTASMA
Habían pasado pocos días desde que se decretó el Confinamiento para todos, todavía era de noche cuando salíamos a la cita de aplausos ya que no había llegado aún el fin de semana del cambio horario que aclararía el cielo de un plumazo. Cuando la gente cerró las ventanas tras aplaudir, yo me quedé con ella abierta y contemplé el exterior: nada se movía, ni siquiera las ramas de los árboles, mi barrio era un barrio fantasma.
Se me ocurrió entonces, consultar en el móvil la Webcam de la Puerta del Sol que transmite en tiempo real lo que allí pasa. no pasaba nada. Los edificios seguían en su sitio, pero no había persona alguna por la explanada que, habitualmente, está repleta. Mirando mejor, creo que vi pulular a dos o tres personas, amplié y uno de ellos era un policía haciendo su trabajo. La foto refleja lo que digo.
Madrid se había convertido en una ciudad fantasma, no sólo lo era mi barrio. Amplié mentalmente la mirada y me pareció ver que el mundo era también un mundo fantasma.
Un diminuto ser, un virus de colores y ventosas, que ni siquiera tiene la categoría de ser vivo, nos estaba doblegando.

Un virus de colores
doblegaba a su antojo a las ciudades,
crecía la soledad,
la precaución se convertía en miedo.


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lunes, 27 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Dos hombres sobre el tejado de enfrente.

                                                              Fotos desde la ventana (confinamiento).

DÍA 5 (45 días)

DOS HOMBRES SOBRE EL TEJADO DE ENFRENTE
Desde que descubrí el placer de la ventana, ésta se convirtió en el cuadro más preciado del salón, ese cuadro que la magia hace que pueda traspasarse y se llama Libertad. Si la ventana me daba acceso al cielo con sus nubes, no existía un horizonte al que mi mente no fuera capaz de acudir deprisa o lenta. Mis pies estaban en casa, pero mis ojos podían volar.
Una mañana, vi dos hombres a unos cien metros de mi (quizá sean más metros). Estaban en el tejado del edificio de enfrente, ese que no tiene ventanas que me miren, porque miran a otro lado (y agradezco). Los dos hombres estaban a la altura de mis ojos, ya que mi casa está al nivel del tejado en el que estaban. Arreglaban una torreta de cables que el vendaval había tumbado días atrás. Allí estaban, a mi lado, con máscaras y guantes y guardando las distancias. Una escena fuera de lo corriente se colaba en mi escenario a través de la bendita ventana.
Si Mahoma no iba a la montaña, podría la montaña ir a Mahoma. Estábamos salvados.

Agudos los sentidos
advierten lo que antes no advertían.
Escena inédita:
dos hombres sobre el tejado de enfrente.



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CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - La ventana


                                                                     Fotos desde la ventana (confinamiento)

DÍA 4 (44 días)

LA VENTANA
Cada noche elijo una de las muchas fotos que llevo hechas desde casa (siempre de dentro afuera de la casa) durante todos estos más de 40 días de confinamiento. Hoy he seleccionado la ventana, la ventana de la sala, esa sala donde paso el 90% del día y cada día.
Pronto descubrí que la ventana era mucho más importante aún de lo que lo había sido hasta ahora, mucho más en estas circunstancias. A través de ella veía y veo los enormes cedro, ciprés y otros árboles del jardín comunitario que hay debajo de mi casa, he visto cielos rojos, color rosa, naranja... y todas las posibles gamas de azules. Me ha permitido ver nubes que me han hablado, cielos rasos y nublados, me ha llegado el sol hasta el sofá y lo he tomado, he visto la lluvia y hasta el granizo y la nieve durante todo este tiempo de encierro domiciliario, como si las cuatro estaciones se hubieran sucedido en 40 días y su prórroga. Tras ella, la ventana, escucho los pájaros (hay un mirlo que me pone música a diario), me asomo a dar aplausos cada tarde y confabularme con otros seres detrás de otras ventanas; he observado la ropa de los tendederos y envidiado a quienes paseaban a sus perros por los espacios de tierra de ahí abajo. Cómo amo a esta ventana que me trae el aire, los sonidos y permite a mi mirada liberarse y observar los tejados de Madrid.

Veo la ventana: vida,
a mí se asoman cedro y ciprés,
libre el verbo abrir,
que se apoyen las nubes en mi alféizar.



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sábado, 25 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Los aplausos

                                                                     Fotos desde la ventana (confinamiento).


DÍA 3 (43 días)
LOS APLAUSOS
Sigo echando atrás la vista y analizo las cosas a través de las muchas fotos que he ido tomando desde la ventana. Observando los 40 días que, literalmente, conforman una cuarentena y con la convicción de que, desde la distancia, se ven mejor las cosas.
A los pocos días del sock, nos dimos cuenta de que era evidente que el personal sanitario estaba desbordado y en peligro. Sentimos la necesidad de abocar nuestros cuerpos a los huecos que, desde las casas, nos comunican con el exterior y batir palmas para, al menos, alentarles. "Os hemos oído" -respondieron ellos-.
Al día siguiente, nos dimos cuenta de que no eran solo los sanitarios los que se lo merecían, sino también el personal de supermercados, los que transportan alimentos y materiales esenciales y todos aquellos que siguen trabajando para que el resto podamos mantenernos en casa sin correr tantos riesgos.
Hoy, en la cuarentena tras la cuarentena, sigue la cita de aplausos a las 20 h. En punto.

Es música de palmas
que escapa de la casa por balcones.
Se dan cita a las ocho
tarde a tarde, dos por dos,  mano a mano.


A día de hoy:
  • Seguimos confinados.
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viernes, 24 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Atardeceres

                                                                                  Fotos desde la ventana (confinamiento)

DÍA 2 (42 días)

Volviendo atrás la vista, recuerdo los comienzos. La mente no alcanzaba a comprender. Todo era cosa de un sueño, una película en que los protagonistas habían saltado de la escena a mi propia casa y se habían transformado en mí.
Por otro lado, tampoco se estaba tan mal en casa, contemplando los atardeceres mientras, sentada en el sofá, organizaba mi próximo poemario. 

La palabra pandemia
saltó del diccionario hasta la vida
y los atardeceres
sucedían detrás de las ventanas.

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A día de hoy:



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jueves, 23 de abril de 2020

DIARIO DE CUARENTENA TRAS LOS 40 DÍAS - Día del Libro en Confinamiento.

          
Día del Libro en Confinamiento (Foto tomada de Internet)

DÍA 1 (41 días)

DÍA DEL LIBRO EN CONFINAMIENTO
Yo había abandonado a mi blog desde hace tiempo, le fui infiel con otras redes sociales más directas olvidando que éste era el cuaderno que me pertenece por derecho propio. Hoy, si él sabe disculparme y me recibe, quiero comenzar aquí un DIARIO DE CUARENTENA TRAS LA CUARENTENA. Y digo bien, ya que ayer mismo, Día Internacional de la Tierra, se cumplieron 40 días desde que en España se decretó la orden de CONFINAMIENTO debido a la pandemia provocada por la enfermedad de gran contagio COVID 19.
40 días y 40 noches aislados, sin salir a la calle, sin visitar la ciudad ni el mundo. 40 días y 40 noches en los confines de nuestras casas, en los de mi propia casa donde, añoro una terraza y un poco más de amplitud, pero tengo la suerte de que las ventanas me ofrecen los tejados de Madrid y el horizonte es amplio, donde desde el sofá me fusiono con las nubes y veo el jardín de abajo y veo verde, reduzco el campo de visión y me imagino la naturaleza inmensa porque hay un enorme cedro que le llamo mío, un ciprés muy alto, además de otros árboles de menor tamaño pero no menor importancia.
Hoy, día 1 después de los 40, nada ha cambiado dentro de mi casa, seguimos confinados, seguimos siendo tres y estamos vivos, otros han corrido peor suerte y me arrodillo ante el dolor. 
Fuera sí ha cambiado algo: mueren ya menos personas, no muchas menos, pero que el número descienda es una noticia amable y hace abrir los brazos a la esperanza.


Y a los cuarenta días 
comenzó la fatiga de la muerte,
los libros no leídos
formaban una torre en el salón.


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A día de hoy:



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sábado, 23 de diciembre de 2017

AVANCE DE UN FUTURO CIERTO (A Edith Checa in memoriam)

A MI AMIGA EDITH (ya "in memoriam")
Hoy, 23 de diciembre de 2017, te has ido para siempre, aunque te quedes. 
A pesar de ser una muerte anunciada y compartida con quienes amabas y te amábamos, el impacto ha perforado el corazón y los sentidos. 
Ahora ya sí te lo digo. Hoy ya es el día de sacar a la luz este poema que te escribí en el mes de agosto pasado. intentando ponerme en tu piel y teniendo la osadía de pensar lo que le dirías a tu amado. 
Te miro a los ojos, esos bellos ojos que te dio la vida y creo adivinar que te agrada y que me abrazas.
Gracias por haber sido en mi vida, amiga. Hoy necesito llamarte AMIGA más que nunca. 
Te quiero. Siempre.



AVANCE DE UN FUTURO CIERTO
(poema para leer más tarde)                                                                                                                                                                                              
Pensando en Edith Checa y en su amado Richard. 
Como ahora pienso.

Si la vida
tiene previsto reencarnarse
¿en qué lo haré yo, amor, 
cuando te deje a mi pesar y no me veas?
No desprecies nunca
la forma de rozar tu pierna
de algún gato, ni te apartes 
de esa flor que te parezca
interrumpirle el paso a tu camino,
porque tendré que vivir de alguna forma
para poder besarte.

Y... los poetas.
Ya los veo
por Madrid y por Sevilla-,
haciendo a mi memoria recitales.
Tú estarás con alguno de mis libros
en tus manos, porque sabes
que yo soy en cada verso que dejé
escrito por las páginas
mientras mis ojos fueron
del color del cielo que ahora miras.
Y leerás por mí ese verso
que ahora es sólo medio cierto,
ese en que le planto cara al miedo
para decirle que no se lo tengo.


Pero no es verdad, amor,

porque aún soy de carne y tiemblo
pensando en si hallaré, cuando no sea,
la forma exacta de abrazarte. 
Estoy estirando el tiempo, amor,
porque tanto amor
no tiene la muerte derecho a arrebatarlo.


----
Corría el año 2003 cuando coincidí con Edith Checa en un curso de Biodanza en el Valle del Tera. 
Ambas nos dijimos "yo te conozco de algo". Después supimos que era por una común amiga escritora. Rápidamente conectamos y seguimos intimando.
Aunque yo -desde niña casi- me dio por los versos y los cuentos,  en 2003 yo estaba imbuida en la Narrativa. Nos leímos cosas mutuamente. Leímos en la noche a todos.
- Tenemos una tertulia de poesía en el Café Gijón -me dijo-. Vente.
Por diversos motivos tardé en animarme.
Era ya el 2004, marzo de 2004, cuando me decidí a asistir. Yo seguía en mi mundo narrativo, pero de los atentados del 11-M en Madrid, me había brotado un poema: "Sólo dos meses" se titulaba.
Vacilé mucho antes de leerlo. Lo hice con cierta timidez.
Edith llevaba entonces un programa de poesía en Radio 3 "Rincón Literario". Por entonces, Edith vivía en Madrid.
- Pásame ese poema, Ángeles -me dijo-, quiero leerlo en la radio.
Me quedé boquiabierta, no daba crédito a que el primer poema mío que yo leía en público, alguien como Edith, con su inmensa voz, quisiera leerlo en la radio (un buen programa).
Ya para entonces éramos grandes amigas y seguíamos intimando.
A partir de ahí hubo muchas, muchas, muchas otras buenas y grandes cosas compartidas. 
Casualmente -ya que la llamé para otra cosa el día en que lo supo-, fui la primera amiga que conoció de su último y definitivo problema. Acababa de salir del médico cuando hablamos, estaba... ¡cómo iba a estar tras recibir una noticia tan letal!
Peleó y peleó con mucho amor. Creo que así le ganó a la vida unos 2 años extras.
Hoy se le acabó la vida en esta tierra ¿Cómo puedo yo sentirme hasta asumirlo?😰

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto)

martes, 14 de noviembre de 2017

ME PIDE CUPIDO

                                                           Imagen tomada de Internet
2017


Me pide Cupido que le entregue
todas las flechas que me ha dado.

Dice que mi tiempo terminó
que ya no sangro
que no siento dolor
cuando el disparo me perfora.

Me niego a devolverle mis tesoros a ese loco.

Buscaré recursos
para dar vuelta a los relojes
y que ese excéntrico ángel de los rizos
me hiera de vida cada noche hasta la muerte.

Además
me quedaré con los recuerdos.

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Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto)