VEN, PASA SIN LLAMAR


MENSAJE Y CANCIÓN DE BIENVENIDA AL BLOG
(Pinchar sobre el texto que sigue, para escuchar la canción):
VEN,
PASA SIN LLAMAR
(*) Vídeo de la CANCIÓN: pinchando en cualquier parte del texto de bienvenida anterior (Le puso música y voz: Amador (Dorchy Muñoz) Gracias.

*Tanto los TEXTOS como las FOTOS de cada entrada del Blog son autoría de Ángeles Fernangómez. En algún caso excepcional en que no fuera así, siempre se especifica el nombre del autor o autora y se cuenta con su consentimiento.


martes, 8 de marzo de 2011

8 MARZO: ¿cuándo podremos llamarlo "día de celebración"? - (Poema: "BLANCAMIELES POETA")

8 de MARZO: "Día Internacional de la Mujer"
De momento, éste sigue siendo un día de conmemoración, de reflexión, de reivindicaciones por la igualdad de derechos entre ambos sexos.
Cuando consigamos convertirlo en día de celebración, ya no hará falta tener un día especialmente dedicado a la mujer. Ese día habremos conseguido MUCHO tanto mujeres como hombres.
Gracias a todas las mujeres que se ocupan de que esto sea un hecho.
Gracias -muy especiales-, a todos los hombres comprometidos, que también lo hacen.

(2006)
BLANCAMIELES POETA  

Blancamieles tuvo adormecida la corriente lírica de versos
que desemboca en el poema
que desemboca en el poeta
que desemboca en la poesía.


Y allí crece
            y se calienta
                       y se evapora
se llueve y se renace.


Blancamieles estuvo en coma creativo.


La manzana de los brujos, de los locos, de los necios…
taponaba la zona-verso de su blanca materia-gris amordazada.
Sólo a intervalos duermevelas
-y en descuido de los brujos-,
jadeó poemas de aprendiz.


Los satanes formaban circo vigilando su urna transparente.
Disfrazados de príncipes, besaban en la boca a Blancamieles,
que no escapaba de su estrofa de letargos.


Los abrazos de los príncipes valientes
tampoco pudieron despertar completa la musa a Blancamieles,
anulada casi,
de satanes brujos.


En un interludio de abrazos
despertó poeta de sí misma,
en soledad,
viva,
mirando hacia dentro su yo desdibujado,
suyo,
      sola.


Sin manzanas amargas,
sin príncipes satanes,
sin brujos,
sin príncipes valientes.


Ella
     con ella
               para ella.


Blancamieles nívea,
Blancamieles dulce,
Blancamieles verso,
                        poema,
                                   poeta,
                                          poesía.
Blancamieles, río de palabras.


Cuando regresaron los abrazos,
había emergido la poeta,
se había renacido de sus anestesiados restos.


Y odiaba las manzanas.


.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

viernes, 4 de marzo de 2011

MORIR EN EL CINE

MORIR EN EL CINE

 (2006) 

Cuando la gente se muere no se pone antes a decir cosas bonitas a los que tenga a su lado, no. Yo ya me he dado cuenta de que eso sólo pasa en el cine. En el cine –lo tengo comprobado-, si a uno le pegan un balazo –por ejemplo- y tiene un amigo a su lado que le sostenga del cuello mientras agoniza, el moribundo deja encargado al amigo que le diga a su mujer y a sus hijos cuánto los ha querido siempre, que los seguirá queriendo, que cuidará de ellos desde el otro mundo… y no sé cuántas cosas más. Lo dice, además, como si no le pasara otra cosa que el saber que le quedan sólo unos segundos o minutos de vida, pero nada más, como si los dolores no tuvieran nada que ver con la cabeza ni con la voz.
Pero yo sé que eso no es cierto porque ya he visto morir a dos personas y no se tienen muchas ganas de hablar en esos momentos, que a la gente le duele todo y no está para nada, no.
El primero que vi fue a mi abuelo. Unos días antes le dio no sé qué a la cabeza y se quedó alelao. El día que se murió, se murió y ya está. Me acuerdo muy bien porque yo siempre había pensado que antes de morir me cogería de la mano –como en las películas- y me diría: “Sebas, la colección de monedas antiguas quiero que sea para ti, por haberme ayudado a ordenarla”. Entonces yo lloraría y le besaría en la frente. Él, después de acariciarme la cabeza, abriría el cajón de la mesilla y me entregaría el tesoro. Pero no fue así. No digo que yo no llorara por el abuelo porque sí lloré, pero las monedas antiguas no tengo ni idea de dónde han ido a parar.
También vi cómo se moría el tío Félix que llevaba mucho tiempo enfermo en el hospital. Cuando murió estaba tan dolorido que se notaba a la legua que no le apetecía decir ni una palabra (o no podía). Pude ver cómo se moría porque quiso que lo llevaran a su casa a pasar los últimos días que le quedaban y yo fui con mi madre a verlo y…
Por eso digo que eso sólo pasa en el cine. En una peli vi cómo el que se estaba muriendo le pedía a su novia que se casara con él y todo. Yo eso no me creo que pueda pasar de verdad. Él seguía sonriendo mientras las lágrimas de la novia le caían en su  boca y por toda su cara. Así no son las cosas en el mundo real.
También se murió mi gato pero no sé cómo pasó. Y me alegro, porque no hubiera podido soportar que no me pudiera mirar siquiera.

Soy muy joven para haber visto todo esto, ya lo sé, pero, como dice mi madre, “por hache o por be, este chico tiene que estar siempre metido en todos los fregaos”.
Cuando mi madre vio que el tío Félix estaba como estaba, me mandó a casa, pero yo hice como que me iba y me quedé asomado a la puerta mirando por entre la rendija de las bisagras. Ellos, como estaban a lo suyo, ni se percataron de mi presencia. Pero a mí no me dio miedo.
 Eso sí, he aprendido a aprovechar mejor la vida y no esperar al último momento, así que ya le he dicho a todo el mundo lo que les pienso dejar si me pasara algo. Y a Bea, que es mi novia, le digo siempre que la quiero mucho, no vaya a ser que luego no me dé tiempo.
Y es que el cine es el cine, pero la vida es otra cosa.
*

Vídeo correspondiente a un comentario de Amador Muñoz sobre esta entrada.

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

jueves, 17 de febrero de 2011

IMPREVISIÓN

IMPREVISIÓN
(2011)

Llegó el primer otoño y ni una sola hoja se fue de mi estructura. Ni un ligero amarilleo -al menos, no lo percibí-, ninguna tristeza seca desarropó mis ramas. Así ocurrió con el segundo otoño y los siguientes. Era joven, para siempre; mi hoja era perenne: ¡nunca moriría! Me acostumbré a pensarme eterno. A partir de ese momento dejé de preocuparme por la vida.
Pasó el tiempo y... ¿qué es el tiempo para quien se intuye ilimitado?
Pero al final de aquel verano noté algo, sentí un ligero amarilleo entre mis láminas. Más tarde se me fue todo el zumo de las venas. El viento azotó mi ligereza: me desprendía, agonizaba; el fin estaba cerca. Era caduco. Y yo no estaba preparado.


Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

.

viernes, 4 de febrero de 2011

DESNUDA ANTE LA VIDA

FOTO: La fuente de las lágrimas (Granada)
(2011)
Desnuda ante la vida,
con ese olor a bebé
recién parido,
sin ánimo alguno de
exhibir mi cuerpo a
las gaviotas,
me entrego a los abrazos
de esta lluvia que moja
mis pezones y
me tiñe de azulados
roces tiernos.
Cada gota se encuentra con
su poro y se introduce.

Soy ya humedad.

*

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

sábado, 22 de enero de 2011

¿QUIÉN NO?



(2011)
Pero..., puestos a soñar
¿quién no ha perdido un gato blanco en su regreso hacia la infancia?

¿o se ha arañado
al esconderse de la lluvia entre los tallos de un rosal?

Hay
tantas luciérnagas
vigilando los caminos
que resulta inútil
esconder
unicornios azules
en el espacio breve
que ocupa una canción.

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

domingo, 9 de enero de 2011

MI ROSTRO Y YO


MI ROSTRO Y YO
(2003)


Me pides que me describa, me analice, haga de mi una biografía, un autorretrato… ¿y cómo? Mi rostro es el único que jamás he visto. Y cualquiera puede verlo menos yo. Mi cuerpo es el único que sólo veo a trozos. ¿Cómo pues, podría hacer el retrato de mi misma, el autorretrato que me exijo sólo porque tu me pides que lo haga?“Descríbete”, me dices; “es necesario que lo hagas”. Y yo no sé, no se si sé, porque no he probado nunca a hacer que mis ojos den la vuelta y miren hacia mi. Toco mi rostro, lo siento…, pero no lo puedo ver al natural, en cada movimiento, en todas las secuencias de cada uno de mis actos. ¿Lo has pensado? Yo lo he hecho muchas veces, incluso creo que a menudo me obsesiona. Un día, cuando aun era una niña, recuerdo que me puse frente al espejo de un armario de luna y me tiré un buen rato mirando, mirándome. Yo creía que me veía, que ésa era yo, porque yo ya no existía en mí, estaba allí, en el armario. Yo era ésa, y ésa era yo. Me asusté, me asusté mucho, tanto que cogí el caballito de madera y lo estampé contra la luna del armario. YO, me partí en pedazos…, pero no sangraba, no estaba rota. Me toqué -no estirando las manos hacia ella (yo), sino encogiendo los brazos hacia mi (¿yo también?)-, y seguía siendo, estaba entera, sin un rasguño siquiera. Era el alma tan sólo la que se sentía arañada. Yo no era aquella, aquello era sólo un maldito cristal que se había adueñado de mis formas. Lloré, lloré… Lloré mucho: “Mamá, mamá, ¿por qué no puedo ver mi cara?”Sigo sin verla. El espejo continúa adueñándose de vez en cuando de mis formas, pero desde aquel día, sé muy bien que ésa que está enfrente no es, en ningún caso, la que corrió tras el primer amor y lo miró con ojos de gatita mansa. Así fue como aquel chico dijo que tenía la mirada, y la expresión quedó grabada en mi mente como si hubiera entrado en ella un algodón de feria: dulce, suavecito…, impregnando lo que toca. Pero, ¿cómo son los ojos (mis ojos) de gatita mansa? Él si me los vio, pero yo no; jamás he visto mis ojos, ni siquiera el espejo sabe darme la imagen que ellos tienen cuando miran a otra parte que no sea hacia sí mismos. Jamás sabré qué cara puse cuando corrí bajo la lluvia con diecisiete años en el cuerpo y el primer desamor en las entrañas. Lloraba, lloraba tanto que la lluvia me sabía salada. Me apoyé en la barandilla del viaducto. Quería hacerme ovillo y voltereta desde el puente hasta el asfalto. Gracias, amiga, por haberme seguido los pasos aquel día. Ese día aprendí un concepto nuevo, aunque ya conociera la palabra: amistad. Me abrazaste, me limpiaste la cara, amiga. Vi la compasión en el brillo de tus ojos. ¿Qué reflejarían los míos? Estaba triste, muerta casi, eso lo sabía, pero… ¿cómo fruncía, estiraba, alargaba… o encogía mi rostro para que se viera que lo estaba? Yo, no me lo veía. ¿Cómo estar segura de que reflejo lo que siento? Y, aunque así lo haga ¿cómo lo reflejo yo? ¿Cómo son mis gestos cuando corro, trabajo, me asusto, hago el amor, me cabreo al volante o pinto un cuadro? Vinieron los años de creación (ahora me han abandonado) y me puse a pintar como una loca. Las ideas fluían a borbotones y el pincel se las veía mal para seguirles el ritmo: Emociones, de todo tipo, pero fuertes, siempre fuertes. ¡Lo que hubiera dado por verme en aquellos años! Verme en directo, digo. En cada pulsación, en cada sorpresa, en cada idea, pensamiento a pensamiento y puesta en marcha. Y vuelta a empezar. Ya me estas juzgando, lo percibo: “¿Es que sólo vas a describir lo malo de tu vida?”-sé que piensas. He visto en ti tantas veces la mirada que me hace ese reproche…Te haré caso. Hay una foto en mi mesilla de noche. Mis hijos me besan en la cara y yo sonrío. Sé que sólo es el instante del disparo de una cámara, un clic dentro de tres vidas, pero disfruto mirándola. Me vienen imágenes de columpios en el parque, de canciones a la luna, de olores de bebé recién bañado…, de más besos; y parece que respiro el Universo cuando en realidad sé que es sólo un suspiro de vida en unas vidas, pero eso no me importa cuando la miro y veo la imagen de mis hijos. Me siento feliz y plena recreando ese momento. Esa es la excepción dentro de mi regla. Estoy tan bien sabiendo que fui feliz aquel momento… Todo está bien ahora, todo está bien, tengo que estar satisfecha con mi vida, la foto me lo dice, y me siento afortu… Mira, lo siento, no puedo seguir fingiendo estar contenta, porque no lo estoy. Por algo estoy aquí ¿no? Ya sé que lo veo todo negro en este presente que se alarga demasiado. Quería dar otra imagen de mi misma y contar cosas alegres, pero… ¿Acaso lo que te digo no es cierto? ¿Qué es una foto en una vida? Sólo un soplo de aire en un tornado, un segundo, un momento en millones de momentos. ¿Sabes cuántos segundos llevo ya vividos? Me he molestado en contarlos y anotarlos: 26.282.340. Y es posible que el último dígito ya no sea correcto. ¿Entiendes ahora que no me importe mucho el segundo de un clic entre tantos clics vividos? Es más, me está haciendo daño porque no puedo volver a ello y la foto es otra ilusión más como la luna del armario. Antes dije que me gustaba mirarla, pero voy a contarte la verdad: desde que no me encuentro bien la he guardado en el cajón de la mesilla. Me hace daño verla. Fue un momento afortunado, pero no he sabido prolongarlo, eso ya pasó y ahora… Mis hijos ya se han ido, sus vidas están en otras partes. Me siento coja y vacía, sí también vacía. A veces me voy al estudio, cojo el pincel entre las manos y me pongo frente al caballete donde tengo el lienzo inmaculado desde hace tanto tiempo. No me fluyen las ideas, no sé cómo empezar, sólo quiero rescatar momentos que no quieren volver, y los que preferiría anular me persiguen en las sombras. Y ahora ¿qué es lo que quieres?, que te hable de Él, ¿verdad? ¡Si ya lo sabes! Por favor, pídeme otra cosa. Oye, ¿quieres que te cuente la última película de Spielberg? Sólo hace dos días que la vi, está muy bien y la tengo muy reciente; puedo contarte… ¡Ah…!, que no, ¿verdad? Que no me vaya por las ramas. Pero, te repito que ese tema lo conoces ya de sobra. Anda, no me obligues. ¡Ya! que tengo que ser yo quien lo describa, que es bueno para mi, ¡claro! Bien, pues eso: un cruce de miradas, un subidón, otro, otro más…, más cerca, un poco más y… ¡enamorada como una estúpida! Luego un hijo, más tarde otro entre besos y peleas, entre lágrimas y risas. Después los celos, más tarde la evidencia. Y por último el adiós. Pero no me pidas que describa rasgo a rasgo los matices de mi cara entre una y otra de las muchas sensaciones hasta que llegó el olvido. No sé. No puedo. ¿Cómo se haría? ¿Podrías tú? Y ahora… ¡ya lo sé!, estoy aquí, asustada, angustiada, hecha puré por tantas emociones que sé muy bien cómo se sienten pero nunca estaré segura de haber sabido reflejarlas. Curándome de heridas, pidiendo que me ayudes. Este sillón que me sostiene frente a tu mesa de psicólogo conoce mejor que yo qué cara pongo cuando te cuento mi vida, o cuando abro mi cartera para pagarte otra consulta, (¿sesión se dice?).Y como terapia me pides que haga de mí un autorretrato. ¿Cómo? ¿No dicen que es la cara la encargada de dar reflejo al alma? Si sólo he visto estampas de mi misma, si no me he visto nunca de verdad, no sé si mi cara miente o se equivoca. O cuando dice que te quiere, parezca que te odia. Puede que diga la verdad pero yo nunca podré ser capaz de asegurarlo. Si no me veo cuando te miro, dime: ¿cómo quieres que lo haga?
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

miércoles, 29 de diciembre de 2010

MONÓLOGO INTERNO


FOTO: Santiago Carrasco

MONÓLOGO INTERNO

(2010)
(escritura automática)

Iba camino del trabajo, era de mañana y la mirada se me quedó clavada al rojo del semáforo, centrado en la cuenca de mis ojos. No quería pensar, viajaba lento y sin ganas porque quería acabar conmigo y mis bobadas. La vida se hacía pesada y yo quería seguir viviendo pero hacer algunos cambios. La calle estaba triste y las antenas de los tejados me hicieron ver chispas que saltaban hasta el cielo. Pero la luz intermitente del camión que el hombre de la basura custodiaba me hizo mirar al otro lado y me olvidé de todo.
¡Plum, plam!, un bache. Me jode, parece que se salen las entrañas, como coja otro bache le digo al conductor que si le han dado el carnet en la tómbola, pero eso es una tontería, siempre lo dice la gente y no sería nada original, yo le taladro mejor con la mirada y le digo: ¡imbécil, no cojas baches!
Sigo y me asusto. Últimamente estoy asustada aunque no quiero verlo, me niego, pero anoche, al acostarme, vi una cueva negra entre la almohada y las sábanas. Yo estaba en medio y como que me derrumbé hacia dentro (¡pum!), pero luego me dormí.
Sin embargo, me acuerdo de otras veces en que me pasó lo mismo y no podía dormirme, entonces ya no era ¡pum!, era ¡pum-pum-pum- pummmm...! No me gusta, tenía que inventarme cosas para que no se me jodiera la noche. Ahora duermo a pierna suelta mientras escribo que duermo.
¡Cómo pasan los coches!, parecen ríos tontos que se cruzan. Llego al Retiro, no me apetece trabajar, quiero ir al campo y sentarme a la orilla de un río, aunque llueva, me da igual, yo sigo, yo pertenezco al campo y quiero estar con él. Siempre dije que yo acabaría viviendo en el campo, pero la ciudad también me gusta. Lo quiero todo. Me quedo en ambos sitios, ¿por qué no? Caprichosa que eres, chica… (o no). Creo que esta Navidad me tocará la lotería y puedo vivir en el campo y en la ciudad, y no tendré agobios ¡qué gozada!
¡Me tocará la lotería, lo sé! Sigo durmiendo.
.

NOTA: He aquí un atrevimiento por mi parte. Yo que siempre defiendo eso de "escribe con el corazón y reescribe con la cabeza", en este caso me he saltado la segunda parte y me permito subir este monólogo interno en forma de escritura automática, así, dejado salir sin más ni más y fechado en 2004. Sólo recuerdo de él que quise dejarlo tal cual y nunca más volví sobre lo escrito ni le di forma alguna. Hoy, me tropiezo con ello en un recorrido por algunos archivos de word. Sé también que fue un ejercicio más de todos esos a los que, en ocasiones, gusto de llamar a juego. Tal vez lo quise colgar aquí para decirme a mi misma: "chica, los sueños no siempre se cumplen, no te tocó la lotería ese año, al menos no en forma de dinero".
Gracias y...

¡FELIZ AÑO 2011 A TODOS!

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)



sábado, 25 de diciembre de 2010

Y SI UN DÍA...


Y SI UN DÍA...
(2006)
Y si un día Él escribiera..:

Al llegar la Navidad
ponía mi madre luces de colores
que trepaban
por la planta de la esquina en el salón.
Luego encendía velas, muchas velas.
Recreaba un Nacimiento con montañas y pueblos desmedidos
y, a la mesa,
nos arropaba el amor
que había derramado en cada plato.
Luego brindaba
mirándome a los ojos,
sin importarle que mi vaso
contuviera agua o coca-cola...

¿Y si un día Él lo escribiera, lo dibujara...
-o simplemente lo pensara-,
cuando yo ya no estuviera?
.
.
¡FELICES FIESTAS, NUEVO AÑO Y VIDA ENTERA PARA TODOS!

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

martes, 9 de noviembre de 2010

POR QUÉ ME HABITO


(2007)
POR QUÉ ME HABITO...

¿Por qué me habito en este cuerpo
que resguarda un alma inacabada?
¿Por qué me pasa el tiempo y no averiguo
la esencia misma de mis horas?
¿Es acaso
que vine para amar,
desde el oscuro infinito
de las cosas intangibles?
No sé por qué ese empeño irrenunciable
de estar cuando nadie me reclama,
de pensar que tengo una misión
que yo sublimo,
cuando,
tal vez,
sólo soy
un accidente
de algún cosmos confundido.
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

martes, 12 de octubre de 2010

INSTANCIA AL CORAZÓN QUE SURTA EFECTO






A Miguel Hernández en su centenario.





(2010)


INSTANCIA AL CORAZÓN QUE SURTA EFECTO
Yo, Miguel Hernández Gilabert, en plenas facultades mentales (no así físicas),

EXPONGO:


Que me gestó el vientre
de una patria negra, y a su sombra,
como viento del pueblo fui criado.

Que de niño, pensaba que la risa era
el ocre-verde de los campos de Alicante, y yo
perito en lunas bajo lluvias grises
lloradas boca abajo.

Que el hombre ha de ser hombre
aún a pesar de tantos dioses,
y no ser buey uncido y doblegado,
como conoce el labrador del aire.

Que no me voy, que no;
es que me echan al lado opuesto de la vida.
Será mi cancionero quien grite mis ausencias.
Por eso sé
que moriré con los ojos bien abiertos y,
por tanto,

SOLICITO:


Que se legue al pueblo mi memoria.
Y a mi hijo
que no le cese la risa como el rayo,
desde su mes octavo hasta el postrero.
Que se haga público mi amor por quien me ama.
¡Que no renuncio a ser yo; que no, que no renuncio!
ni abdico de mi condición de ser yo mismo.
Que no, que no renuncio a ser Miguel del pueblo.
Que no renuncio a ser Hernández,
de los campos de Orihuela.
Que no, que no renuncio.
Que no.

Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto)

miércoles, 6 de octubre de 2010

LA CASA 4

(viene de las 3 entradas anteriores)
Relato en 4 tiempos





(2002)

4ª y última parte: RECUERDOS



Andrea llegó a la casa.
Se había enterado de que la habían puesto en venta y estaba decidida a recuperarla. ¡Tanta vida desde que salió de ella!: los coqueteos de su juventud, el corazón y la razón, más equilibrados ya en sus años de madurez, los hijos, la muerte de sus padres, el compañero de su vida, los triunfos y los fracasos, toda su vida se quedaba quieta en este presente, ahora que intentaba disfrutar de la jubilación que creía bien merecida, aunque el dolor de sus huesos a veces lo dificultara. Todo eran recuerdos y más recuerdos.


Sentía su vida como una película proyectada en exclusiva para la niña que allí fue, jugando en aquel patio y en aquella huerta. No pudo evitar que lo primero fuera echar un vistazo a la morera, preguntándose antes si existiría todavía. Comprobó que sí, y el sabor de sus moras maduras le evocó aún más recuerdos. Luego se dirigió al interior. Entró en la cocina (primera puerta a la derecha, lo recordaba perfectamente), y su mirada se quedó clavada con expresión de ternura en el poyete de la ventana donde ella dejaba siempre sus muñecas de cartón-piedra mientras comía. Tocó las paredes suavemente como si acariciara piel viva. Y así, rozándolo todo con un tacto consciente, recorrió toda la casa. Toda su vida se recreaba con ella.


Le pareció que la niña y ella se desdoblaban y sintió deseos de cruzársela por la escalera que conectaba con el piso de arriba, abrazarla y decirle: “mira, pequeña, he llegado hasta aquí y todo esto vuelve a ser tuyo, para que juegues e inventes más aventuras. Yo las escribiré en un cuaderno de colores y lo cerraré cada día con una cinta dorada que envuelva tu preciosa fantasía.


La casa era la niña, pero una niña sabia, que conocía casi toda su vida futura. Estaba recogida en sus recuerdos.


Andrea saltó de esos pensamientos al presente y firmó el contrato de compra-venta. Con él en la mano, sintió el ciclo de la vida, ese donde el final es el principio y cada comienzo encarna un fin. Lo apretó fuerte entre las manos, como si agarrara la vida misma y subiendo a su coche, tomó el camino de regreso, esta vez sabiendo que pronto volvería y se sentaría a la sombra de su casa a recordar y vivir. FIN
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

miércoles, 29 de septiembre de 2010

LA CASA 3

(viene de las 2 entradas anteriores)

Relato en 4 tiempos
.
.
.
.
.
.
(2002)
.
3ª parte: SENSACIONES
Andrea llegó a la casa.
Había perdido la conexión con ella desde que su familia la vendió, hacía ya muchos años. Pero el viaje del que regresaba le había hecho pasar muy cerca de aquel pueblecito y sintió deseos de acercarse y observarla, aunque solo fuera desde la calle. Alguien la vio pasmada, mirando el portón como quien hubiera encontrado la puerta del mismísimo cielo y le preguntó si podía ayudarle en algo: “Sí, yo viví de niña en esta casa, ¿vive alguien ahora en ella?” Le contaron que, en la actualidad, estaba alquilada a un Grupo, una especie de ONG, o algo parecido, que la dedicaba a dar apoyo escolar a inmigrantes de toda la zona. “¡Curioso uso, nunca lo hubiera imaginado!” -pensó-.

-¡Pero entre, no se quede ahí, le dejarán verla gustosamente, se lo aseguro! Y Andrea solo gastó el tiempo necesario para agradecer la información antes de aceptar la sugerencia. Abrió el portón y las sensaciones fueron desfilando en perfecto orden. Lo primero, el leñero techado que el mastín utilizaba para dormir y donde ella escondió una vez sus zapatitos. Después, el patio de sus juegos y aquellos curiosos rituales infantiles, luego..., ¡cómo se le agolpaban las sensaciones en que se convertían imágenes y recuerdos! Con su imagen de niña ocupando esos espacios, recordó a sus hijos, algunos ya casi adultos. Quizá no fueran como ella les soñó, pero eran sus hijos y se sentía feliz si les veía aceptar sus vidas y había amor en sus miradas. Ya no eran bebés, ni siquiera niños, pero aún la necesitaban.

La casa estaba hecha solo de emociones y sentimientos agrupados. Eran las raíces de aquel árbol preñado ya de frutos, que conformaban su vida; era sus pilares y el centro de su seguridad.

A Andrea le pareció oír expresiones de su madre que ella misma reproducía sin saber muy bien por qué, desde hacía algún tiempo.

Lo miró todo, y todo lo que pudo acarició, incluyendo el huerto, con el guiño a la morera, gesto que tuvo la sensación de ser correspondido. Ese árbol, que a ella le parecía el de la vida, estaba allí, delante de sus ojos nuevamente.

Se resistía a dejar la casa tan pronto, cuando le ofrecieron una excusa perfecta para alargar un poco la visita.

-Supongo que le gustaría quedarse un rato más, ¿verdad? –le dijo una mujer, que apareció tras la puerta de entrada-. Dentro de unos minutos vamos a servir una merienda, ¿querría acompañarnos?

-Sí, gracias, -dijo sin vacilar un momento-, me encantaría. Y la conversación fluyó sin encontrar tropiezos.

Al atardecer, reanudó el camino y, las preocupaciones familiares que venían ocupando casi toda su mente antes de llegar, fueron sustituidas sin ningún esfuerzo, por una imagen que le llenaba de alegría: una niña con su mismo nombre, corría de un lado para otro de la casa, riendo con esa gracia contagiosa de la que solo los niños conocen el secreto. Sonrió y le invadió una alegre sensación de bienestar. (continuará)
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

martes, 21 de septiembre de 2010

LA CASA 2



(viene de la entrada anterior)

Relato en 4 tiempos




.(2002)

2ª parte: DISPERSIÓN
Andrea llegó a la casa.
Hacía años que no vivía en ella ya. Era bonito el paisaje de su entorno, sí, pero no acababa de comprender cómo pudo haber vivido tan a gusto en ese ambiente tan rural. Era más emocionante la ciudad en la que ahora pasaban sus días, más divertida. Miraba entre curiosa y sorprendida aquel lugar que la vio nacer y crecer cuando era niña. No había vuelto desde entonces. Miró el portón de la entrada, que tanto le sorprendiera en su niñez, pero sus dieciocho años recién estrenados le distrajeron colocándose mejor el pelo para estar más guapa. Entró en el patio y lo reconoció, aunque le llamó la atención que estuviera empedrado, no se acordaba del detalle, y ahora había tenido que darse cuenta por lo mal que caminaba sobre las piedras con sus botas altas.

Se asomó a la huerta, vio la morera cargada de frutos maduros. Se acercó a probarlos. Miró el resto de los árboles, pero un pensamiento un poco fuera de contexto le distrajo: “¿dónde habría dejado la cinta de Los Rollings que venía oyendo en el coche?“ Cuando comprobó que la tenía en su bolso, se relajó, volvió a centrarse en la visión de la casa, y su corazón joven se enterneció al reconocer el lugar que más le había gustado para sus juegos. ¡Cuánto había crecido y pensado desde entonces!

Sí que se acordaba de la casa, de todas sus habitaciones y rincones, pero hubo un detalle que le llamó la atención especialmente: No le parecía ahora tan enorme. Era grande, sí, pero no tanto como ella había grabado en su cerebro, ya un poco más agrandado también.

De este pensamiento saltó, sin paso intermedio, al que ocupaba desde hacía unos meses el porcentaje más grande de su mente: “¿qué estaría haciendo Jaime en ese momento?, ¿la seguiría queriendo -o gustando-, o se habría olvidado de ella en todos esos días?”. Tenía tantas ganas de llegar y contarle todo lo que había visto… Se tranquilizó pensando: “mañana, mañana mismo estaré a su lado de nuevo”. Y se sentó sobre el poyete en que acostaba a sus muñecas. (continuará).
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

viernes, 17 de septiembre de 2010

LA CASA 1

Relato en 4 tiempos
INICIO AQUÍ LA PRIMERA PARTE DE UN RELATO TITULADO "LA CASA", ESCRITO HACE YA ALGÚN TIEMPO, Y ESTRUCTURADO EN 4 PARTES, A MODO DE PEQUEÑOS CAPÍTULOS, QUE COMIENZAN SIEMPRE CON LA MISMA FRASE:
"Andrea llegó a la casa".
.
(2002)

.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

1ª parte: RAÍCES

Andrea llegó a la casa.
Llevaba en su manita el pequeño cabás que siempre utilizaba en la Escuela de Párvulos. Lo dejó en el suelo para poder jugar libre de trabas por el patio. Su casa, la casa en la que ella hacía "casa" si venían mal dadas y algún peligro acechara, estaba así, como posada dentro del escenario natural de aquel pueblecito de montaña. Si alguien le hubiera preguntado a ella si la casa era bonita, hubiera dicho simplemente: “¡pues claro!” Y si hubieran querido saber por qué, quizá sólo escucharan como respuesta: “porque es mi casa y es muy grande y tiene un patio para jugar”.

Era bonita porque era su casa, simplemente por eso. Había nacido allí, y Andrea aún estaba en los años en los que se goza de esa maravillosa inconsciencia que sólo poseen los niños y que permite que todo sea porque sí, sin más, sin buscar recovecos.

Ese patio, que escondía misterios conocidos sólo por ella, se convertía en su mundo, solitario a veces, pero pleno de vida. ¡Era tan fácil y natural para ella crear, inventarse personajes y darles vida en su cerebro en aquel marco...! Y la huerta, con la gran morera, allá, al otro extremo, la huerta a la que llegar se convertía en una aventura peligrosa, al tener que atravesar el pasadizo oscuro y sortear después las babosas que salían al sendero de entre las hortalizas, las que a ella le daban tanto, tanto miedo. Esa aventura tardó en poder correrla a solas, pero acabó consiguiéndolo.

Era una casa enorme, sí -así al menos la veía ella-, en la que cabían todos y cada uno de sus sueños de infancia, y con ese sentimiento de seguridad, Andrea se quedó dormida al sol en la esquina preferida de sus juegos. ¡Qué grande, qué enorme era su casa!
(Continuará)

miércoles, 25 de agosto de 2010

LAS MENTIRAS DE LA LUNA ("Pocuentos")

Luna llena, desde El Escorial. Madrid al fondo (24.8.2010)



LAS MENTIRAS DE LA LUNA ("Pocuentos")

La luna es una mentirosa -me dijeron.
¿Sííí? –contesté yo-, ¡no digáis eso de la luna!
La luna dice muchas trolas –insistieron-.
¿Y por qué decís eso?, ¡qué sabréis! La luna es
frágil, redonda, plateada, lejana, interminable, misteriosa...
¡Eso, eso! –machacaron-, cortando mi discurso pro-lunero.
¡Sí, misteriosa!, por eso juega a despistarte.
Si te callas lo contamos. ¡Silencio, escucha!:
Si la forma de la luna es la de la letra D,
entonces..., entonces es: ¡Creciente!
Y cuando es de C su parecido,
no es Creciente, no, que es Decreciente.
¡Caray! -me dije-, ¡cómo es la luna!
Siguieron esas voces con la martingala
y me cantaron la tonada sefardí:

Yo me enamoré de noche
y la luna me engañó,
Si otra vez yo me enamoro
será de día y con sol.


¡Me dio miedo de la luna!
Y otra vez:
¡no la mires, no la mires que te engaña!,
si hasta al mar lo vuelve loco, ¿no lo ves?
¡No te fíes nunca de la luna!

No pude resistirme y la miré.
Su guiño me caló en el alma,
y seguí jugando a lo que había empezado ya,
¡no se puede resistir un guiño de la luna!

A la mañana, me encontré sudando entre la arena,
sola, perforada de mil sueños
que se había llevado el mar.
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

viernes, 16 de julio de 2010

CUANDO FUI ÁRBOL...



Ahora, donde Dios era fuego,
donde hablaba el dolor, llora el vacío.
Antonio Gamoneda

.




.



.

Cuando fui árbol soñé con el verano
para respirar despacio y acariciar a mis hijos.
Ardieron ellos, y a mí
se me cayó la caricia de las ramas.
Me asfixié de dolor y cerré las hojas
para no ver
mis pavesas avivando sus cenizas.
Fue así…
como preservé también mi savia,
aunque ya no broto hijos.


(Estamos en verano ¡Cuidemos de que no haya más incendios!)
¡Felices vacaciones!
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

viernes, 25 de junio de 2010

"DIÁLOGOS A CUERPO ABIERTO"



NOTA: Este cuadro, del pintor mexicano Juan Sebastián Barberá, co-fundador del Grupo "DRAGONEROS", fue pintado íntegramente durante una de las representaciones de la Performance de Poesía y Narrativa Eróticas "Profanando la letra... Diálogos a cuerpo abierto", que vengo representando junto con Paola Herrera y Patricia Monge (Grupo "Dragoneros").
(*)


Mi agradecimiento a Juan Sebastián, Paola y Patricia.


"DIÁLOGOS A CUERPO ABIERTO"

Nacía lentamente,
hasta que le brotaron los ojos.

Entonces...,

aquella mujer, parida por un hombre,
lloró
tres lágrimas de tela,
(por cada una de las tres mujeres
que recitaban al sexo y su locura).

Después,
llevó la mano a su pecho y...
se quedó.
.
.Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

(*)

MÁS INFORMACIÓN en "NARRAPOESÍA Eventos y Noticias literarias (mi otro blog)
.

martes, 1 de junio de 2010

ADIOS



ADIÓS

Por fin estábamos de acuerdo en algo: tú pagabas las costas del entierro y yo atendía a los detalles.
Comprobé que el pulso no latía. Me recosté en su pecho: ¡ni un sonido! Asentiste, así que lo amortajé sin prisas y me ocupé después del protocolo funerario.
Más tarde, sobre la tumba, recité unos versos. No hubo losas; la alfombré de plantas siempremuertas -decidí cambiarles el nombre esa mañana, al arrancarlas del jardín para el transplante-.
La ocasión bien merecía un respiro.
Levanté la vista y allí estabas. A mi lado no, pero sí en frente, mirando también hacia la tumba. Ni una mueca, ni una lágrima.
Firmamos los papeles y estrechamos la mano de quien autorizó el levantamiento del cadáver tras certificar su muerte, dictaminando, así mismo, sobre el reparto de la herencia.
Al dejar el edificio, dos besos en las mejillas para el adiós y el cambio. Distintos puntos cardinales.
Descanse en paz el amor –nos pensamos-.

.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)
.

miércoles, 12 de mayo de 2010

HOMBRES DE BARRO SIN AGUA


El final fue aquel tiempo en el que ya no hubo ni botijos de barro en los brocales. Para qué, si los pozos eran sólo huecos cilíndricos, como comienzos de arterias desangradas, abiertas a la tierra, secos. Pozos secos.
Quizá te acuerdes. Tú también sucumbiste a la tragedia. Como yo, como todos, como todo.

Las reservas de agua almacenadas no tardaron en llegar a su fin. Los juncos cada día eran menos, y menos verdes los que aún se resistían. Todos sabemos que si no hay juncos es que no existen manantiales. ¡Qué pocos reductos quedaban cuando ya se contaba por lustros la sequía! Quizá el mayor de todos, y que mantenía la vida aún sin extinguir del todo, fuera el ya casi hilillo transparente que corría entre las piedras del Gran Río, el que, una vez, había sido de verdad gran río. La cotización de sus riveras estaba muy en alza, era la poca humedad que aún quedaba. Sólo siguiendo la corriente subterránea de la que emanaba su principal caudal, podía extraerse algo de agua del subsuelo para no morir.
Los jardines interiores de las casas -¿lo recuerdas?- tenían la tierra horadada; horadada en busca de subsuelo acuoso. Polvo seco, eso y sólo eso aparecía, aunque todos lo intentaban.
Hubo un día en que yo caminaba sin rumbo, sólo me guiaba el instinto en busca de algo húmedo que llevarme a los labios. Fue entonces cuando corrí al ver a lo lejos unas pequeñas ramas que apuntaban todavía algún tono verdoso. Tú sabes cómo acaba aquella historia, sí; pero fui yo quien casi no lo cuenta. Imagina que vas corriendo en busca de la salvación que crees al alcance de la mano. Sólo miras al objetivo, no ves más. Por eso no vi el agujero grande perforado en la tierra y excavado en busca de corrientes que no había, el pozo sin agua. Y uno de mis pies pisó el vacío. Caí al fondo. Él fue quien me amortiguó el golpe. Allí estaba, con el mango del pico entre las manos, muerto, putrefacto ya. Aquel anciano debió de desvanecerse mientras buscaba agua cavando y cavando la barriga de la tierra, y ahora me había salvado a mi la vida en la caída, aunque llenó mis ojos de terror también. Si sólo de pensarlo dan ganas de gritar, podrás hacerte una idea de lo que yo sentí cuando mi cuerpo quedó abrazando al suyo. Era la sequía que empezó un verano de hacía ya no se sabe cuánto tiempo. Un verano que invadía los inviernos. ¿Qué pensarías de un año que recorre cuatro estaciones sin apenas lluvia? Dijeron que la media de lluvia, no llegaba a un día por estación siquiera. La vida estaba en peligro, se extinguía, tú lo sabes. Se extinguió.
Trata de pensar cómo sería un lugar en el que lo que se trafica en los tugurios fuera simplemente agua. Así eran las riveras del Gran Río. Los asesinatos, los abusos y la delincuencia llegaron de la mano.

Un día, el cielo se me puso rojo, las calles se pusieron rojas, el aire era tan encarnado que no podía ni mirarlo, entre otras cosas, porque mis ojos también tenían roja la mirada. Después no supe más.
Ahora, desde el otro lado, intento convencer a Dios para que cree hombres de barro sin agua, hombres secos que no sucumban a sequías estivales ni calentamientos de planetas, seres humanos deshidratados que no necesiten del agua para sobrevivir. Y me infundan fuerzas para atreverme a renacer.
.
Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)

miércoles, 28 de abril de 2010

ACEPTACIÓN

ACEPTACIÓN

Me relamo el ego, y...
ya no siento ese regusto a orquídea en el aliño.

Me sabe
-sin más aderezo-,
a mí.

Es por ello
que ya no necesito relamerme.

.
.Todos los derechos©Ángeles Fernangómez (texto y foto)